—Sí, sí, complicado y largo, seguro, pero ¿qué?
Mis cejas se levantan.
—Oh, bueno, vi a la diosa de la luna. Ella vino a mí. Ella—
—Oh, dulce diosa, te convirtió en una de nosotras, ¿verdad? Te convirtió en un cambiante para que tú y mi hijo puedan estar juntos. ¿No es así, Renata?
—¿Cómo supiste...?
—Oro por esto —dice, asumiendo todo el crédito—. Lo hice. Cada noche. Le rogué que simplemente te convirtiera en una de nosotras, y sé que puede ser problemático o incorrecto, ¡pero ella escuchó! ¡Ella me oyó y vino a ti y ahora todo estará bien!
—Sí —susurro, siguiendo la corriente—. Ella lo hizo. Cuando...