La acera está cubierta de hojas mientras los árboles a lo largo de ella se quedan desnudos. Vivian se adelanta un paso, luego dos, luego tres. La idea de verlo de nuevo distrae mis pies; en realidad, todo mi cuerpo está en un estado de confusión, sin saber qué hacer. Siempre que estaba nerviosa, jugaba con las manos. Se volvían incontrolables y torpes, como si ya no formaran parte de mí. Esa misma sensación está regresando, pero esta vez, la única parte de mí a la que me siento conectada es mi cabeza.
Vivian me lanza una mirada hacia atrás.
—Vamos —dice, cruzando la calle. La alcanzo y camino a...