—Renata.
Miro a mi madre, acomodada en el mueble del patio, con su laptop frente a ella, lista para hacer magia literaria. Me subo la mochila en el hombro.
—¿Vas a la escuela? —pregunta después de dar un sorbo a su café—. ¿Desayunaste?
—Sí. La abuela hizo tostadas francesas.
Mi madre se endereza.
—Bueno, tal vez debería entrar y tomar un poco antes de que limpie. No quieres que te lleve, ¿verdad?
Niego con la cabeza.
—Solo esa vez. Ahora soy totalmente capaz. Y-yo debería irme.
—De acuerdo. ¡Oh! Antes de que te vayas, ¿cuándo trabajas esta semana? Quería invitar a la familia de Talia a cenar.
—Hoy, mañana y...