Sentí una culpa terrible de verla así, mes y medio después, de que todo estaba perfecto entre ella y yo.
¿Era posible, que la decepción hiciera estragos en ella?
Golpeé frustrado el mando del coche, cuando vi que las luces del automóvil de John se encendían y el vehículo se ponía en marcha. Apresurado, giré mis llaves e hice lo propio para seguirlo durante, aproximadamente, cuarenta minutos.
Era el cumpleaños de Samanta, y seguramente, saldrían a cenar. Sin embargo, grande fue mi sorpresa cuando John ingresó a la zona nocturna de la ciudad y aparcó su coche delante del mismo club donde toda mi aventura con Samanta había iniciado. Me...