Chapter 5 Ella me gusta para mí

Chapter 5 Ella me gusta para mí

RICK

—Ya es toda una mujer —acotó mi amigo—. Además, no creerás quién es su prometido; nada más y nada menos que el hijo mayor de Francesco Müller. —John estaba demasiado contento con aquello, pero a mí, sin saber por qué, aquella noticia me supo un tanto amarga.

—Ah, ¿sí? —contesté sin dejar de mirar a Samanta, llevándome de nuevo la copa a los labios. Noté que evitaba mirarme a los ojos, como si huyera de mí—. Felicitaciones, Samanta —proferí con poco entusiasmo.

—Gracias —respondió con menos entusiasmo aún, llamando mi atención. Parecía incómoda con aquello, y lo pude confirmar por el cambio inminente de tema—. ¿Y tu esposa e hija?

—Emily está en Europa con Erín, pero ya no es mi esposa. Nos divorciamos hace dos años —mentí un poco.

—Lo lamento —susurró ella.

—Yo no; tu esposa era una bruja —expresó John sin filtros.

—¡Tío! —Lo reprendió Samanta.

—¿Qué? —replicó John y encogió sus hombros con indiferencia—. Solo digo la verdad.

Negué con una sonrisa de resignación, porque, después de todo, no estaba tan equivocado. Después, fijé de nuevo mi atención en Samanta

—Así que ¿te casarás? —insistí, buscando algún atisbo de emoción en su mirada.

—Bueno… —titubeó—. Es lo que todos esperan… —respondió con resignación.

Su actitud me confundió, porque algo no andaba bien.

—¿No se supone que las personas se casan porque se aman, y no porque todos lo esperan? —indagué con interés e intenté descifrar su poco entusiasmo.

—Rick, no sometas a un interrogatorio a Sam. —Me advirtió su tío—. Mira que le ha costado bastante al muchacho para que lo aceptara; no la hagas pensar demasiado en ello. Muchas veces, las personas no se comprometen y se casan solamente por amor.

—Yo no conozco otra razón que no sea el amor, para dar un paso tan importante como lo es el matrimonio —retruqué de inmediato.

—Y mira cómo te ha ido… —Me respondió mordaz.

—Tío John, creo que eso no te incumbe. Supongo que Rick y su esposa habrán tenido sus razones. —Me dirigió una mirada de disculpas y pensé en mis adentros que además de sexy, era dulce.

—En efecto —contesté—. Y por mi propia experiencia, digo que no debería de existir un mejor motivo que dos personas que se aman, para unir sus vidas en algo tan complicado como lo es el matrimonio.

John bufó al negar; su humor cambió por completo.

—Sam, creo que es hora de retirarnos. —Se dirigió a su sobrina.

—Sí —aceptó ella, nerviosa, como si necesitara salir del lugar y huir de mi presencia.

Se aferró al brazo que le ofreció su tío y, cuando estaban por marcharse, a John se le ocurrió invitarme a su casa el día siguiente para un almuerzo.

—Entonces, nos vemos mañana. —Se despidió.

—Nos vemos mañana —afirmé, para luego dirigirme a la muchacha—. Hasta mañana… Samanta.

Se ruborizó, como lo supuse, y ni siquiera pudo sostenerme la mirada. Solo movió apenas la cabeza y apremió a su tío para que abandonaran el lugar.

La vi salir del salón, con los nervios a flor de piel, sonrojada con simples palabras, por lo que pude deducir que mi presencia tuvo cierto efecto en ella.

¿Sería verdad, que en el pasado esa pequeña se sintió enamorada de mí?

¿Sería posible, que un amor platónico perdurara tanto tiempo?

Si no fuese porque se trataba de la sobrina de John, la habría seducido esta misma noche sin importar el compromiso que, a leguas se notaba, Samanta no quería asumir.

Bebí despacio, saboreando y conteniendo en mi boca el líquido antes de tragarlo. Cavilé que, de igual manera, sería delicioso volverla a ver al día siguiente y poner a prueba toda mi experiencia con las mujeres.

Me gustó demasiado, y ese vestido extremadamente revelador, me había causado un tirón en la entrepierna que traté de disimular al verla del brazo de mi amigo. Aunque, me sentí por demás satisfecho al saber que no tenían nada que ver en el plano sentimental, y me sorprendí sobremanera, al descubrir que era la pequeña Sam.

Sin duda alguna, esa belleza, de alguna u otra forma, sería mía.

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