SAM
Sentí un frío recorrerme la espalda.
En ese preciso instante, mi cuerpo comenzó a tiritar por la mención de su nombre en voz alta, presentándolo como el nuevo accionista de la compañía. Levanté la vista y mis ojos se toparon con los suyos; centelleantes, magnéticos, que parecían querer meterse en mis pensamientos y desbaratar mi voluntad.
Se acercó con precisión y tomó asiento a mi lado.
—Buenos días, Samanta —saludó con aquella voz que me estremecía. Sonrió de lado con sinuosidad.
Mi cuerpo tembló.
—Buenos días —susurré apenas.
Él agarró el archivador y revisó su contenido.
—Te ves diferente —dijo sin más. Solo me quedé en silencio—. Has follado,...