SAMANTA
Con rapidez, Frank posó su mano en mi cintura en señal de posesión. Rick solo sonrió al ver su reacción, ladeó la cabeza y recorrió con su mirada todo mi cuerpo.
Quería desaparecer.
¡No entendía nada!
—Hola, Rick —atiné a decir sin siquiera observarlo.
No me atrevía a hacerlo y temía que Frank se diera cuenta, de lo que la presencia de ese hombre, le causaba a mi cuerpo.
—Bueno —intervino mi tío—, ahora que ya se conocen, podemos pasar al comedor y disfrutar de la deliciosa comida que nos preparó Elena. —John no era idiota y estaba segura que se percató de lo que sucedía.
En un silencio...