Sin embargo, fue imposible hacerle caso a su estúpida petición y caminé tras ella, para ver dónde se encontraba Samanta.
Linda subió las escaleras que llevaban al sector V.I.P. y la música se detuvo. Fijé la mirada hacia arriba, al oír que entonaban un feliz cumpleaños; fue cuando la vi…
A pesar de toda la rabia que sentía, porque en tan poco tiempo me hubiera dejado atrás y regresado con ese muchacho, sentí un fuerte golpe en el pecho con solo verla. Comprendí, en ese efímero instante, que no había nada más en esta vida que pudiera suplir a esa mujer. Entendí, que ni siquiera mi cuerpo, que había reaccionado...