El día de mi cumpleaños llegó y desperté con un gran ramo de flores, acompañado de un pastel que John, junto con Elena, metieron a mi habitación. Sin embargo, un mal presentimiento me embargó desde que abrí los párpados.
Las horas transcurrían, pero aquella extraña sensación de que algo malo pasaría, me perseguía en la mente y en mi pecho a cada instante.
Cuando Linda llegó a casa con un vestido rojo increíble para mí, me dejé arreglar por ella sin mucho afán, pensando en qué podía significar la zozobra que sentía a medida que llegaba la noche.
El Mistery estaba repleto. En una zona V.I.P., las mesas reservadas por...