Después de un mes y medio, por fin pisaba Londres.
Luego de que Erín despertara, acudí junto con el abogado al departamento de policía y al juzgado, a presentar la demanda para obtener la custodia completa de mi hija. Las cosas no fueron nada fáciles, pero el señor James Williams resultó un lobo feroz en la corte y no dejó cabo suelto, que fuera capaz de salvar a Emily ni a Scott.
Después de tres intensas semanas de comparecer, de acusaciones cruzadas y de que Emily confesara que ella planeó todo para separarme de Samanta, porque no le apetecía que Erín compartiera su herencia con otros posibles hijos, el juez...