Oí un quejido de lamento y fijé mis ojos en Samanta, quien se volteaba para salir del lugar
—¡Samanta! —grité para que me esperara, cuando recibí un fuerte puñetazo en el rostro.
—Es lo menos que mereces —masculló mi amigo, soltándome y poniéndose de pie.
Sacudí la cabeza y lo imité, con la sola intención de seguir a Samanta. Excluyendo a John de mis prioridades, corrí con prisa para alcanzarla antes de que se fuera.
—¡Déjala en paz, Rick! —Me gritó, pero lo ignoré, porque mi único propósito era tomar a Samanta entre mis brazos y obligarla a escuchar mi explicación.
Sin embargo, al salir a la acera, la vi...