El trayecto hasta el hospital me pareció eterno. No era hombre de perder el control con facilidad, pero lo que acababa de presenciar… ¡nunca había estado frente a algo semejante! Me sentía desolado, temblaba por fuera, por dentro, amenazado por la situación con desmoronarme en cualquier momento. Hice acopio de todo mi esfuerzo para poder conducir y seguir el camino sin perder el control.
Sin embargo, un fuerte mareo me asaltó, junto con náuseas que con cada minuto eran más difíciles de controlar. El temor que sentía, porque el desenlace de la mujer que amaba fuera fatal, solo contribuía a que me siguiera descompensando gradualmente; me costaba respirar y en...