Me contuve de salir a confrontarlos de inmediato, y con un temple que no supe de donde salió, respiré hondo y saqué mi móvil del bolsillo de mi chaqueta.
Encendí como pude el aparato y di unos pasos más, hasta que estuve cerca de la puerta entreabierta. Pulsé sobre el icono de la cámara y encendí el grabador de video, mientras ellos seguían discutiendo.
—Ese no es mi asunto, Em. Entiende que ya no puedo seguir con esta farsa y además, es peligroso para la salud de la niña; ¿acaso no te importa lo que ocurra con ella? ¿No tienes miedo de que un día ya no despierte?
Scott se...