El coche se detuvo frente a un enorme establecimiento color ladrillo, cuyo tablero enunciaba Hospital Great Ormond Street y pagué el viaje. Ingresé desesperado por la entrada de Urgencias y de inmediato fuimos atendidos.
Mientras me hacían unas preguntas de rutina, subieron a Erín en una camilla y se la llevaron, pidiéndome que los siguiera. La ingresaron a una habitación y un médico entró al lugar de prisa mientras las enfermeras se hacían a un lado. Les realizó algunas preguntas que le respondieron en el acto mientras revisaba los ojos de Erín y para luego controlar los latidos de su pecho.
Frunció el ceño extrañado y luego volteó a mirarme....