—Me gusta tu actitud.
—A mi me gusta la tuya.
—Bien, entonces señora Salvatore, asegúrese de comprar el vestido más costoso de PRADA que encuentre, las suelas rojas* más preciosas que puedas encontrar y escoge cuanta joya desees para acompañar tu conjunto, sin embargo, ante mis ojos, no importa cuánto oro o diamantes lleves encima, siempre serás mi adorada Rebecca.
Ella sonrió ante sus palabras.
—No olvidaré tu Brioni* o tus zapatos Ferragamo tampoco. Si tienes actitud, tienes que vestir con actitud también.
—De eso no tengo dudas.
El aniversario traería sorpresas, algunas buenas y otras increíblemente sorprendentes. Era momento de enfrentar ciertos cambios en sus vidas, era justo y...