—Tranquila, ponte de pie con cuidado a menos que desees ensuciarlo.
—Estoy bien.
Entonces ella se levantó de manera prudente del suelo. Observó los labios rojos del italiano y no pudo evitar sentirse extasiada ante la imagen. Se veía extremadamente lindo, mucho más cuando ella sabía que era su labial el que marcaba sus labios. Un poco más tranquila giró en su dirección e intentó llevar su mano a sus labios, para quitar esta vez con más calma y delicadeza la mancha.
—Creo que no debí hacer eso —murmuró.
—No te culpes, creo que lo hicimos ambos, además, no es un pecado.
—Tienes razón, no lo es.
—Ha sido un...