Chapter 5

Chapter 5

—¿Qué hará Pietro entonces? Si es que acepto —dijo Aleksander—. ¿Piensa presentarme delante del mundo como un hijo bastardo que tuvo con una de sus amante? ¿Acaso eso no empeoraría las cosas? ¿Dónde quedaría su reputación como hombre? Llevo escondido del mundo desde que nací.

—No será necesario, podremos manejarlo. Ante los ojos del mundo, usted será hijo de Alessia y Pietro Salvatore, un hijo legítimo, que decidieron mantener fuera del ojo público, la prensa siempre puede comprarse —explicó el hombre apresurándose a sacar unos papeles.

Alzó las manos rendido al mirar el semblante asqueado del joven amo.

—No me responda ahora una semana para pensarlo. Si usted regresa conmigo, su padre lo presentará a la mesa directiva para conocer a los Leroux, su hermano estaba comprometido con la hija menor de la familia. Tendrá que casarse con Rebecca Leroux.

—¿Acaso piensa que incluso puede manejar la vida de la gente con sólo ordenarlo? ¿Ni siquiera Asher era libre de escoger a la mujer que sería su esposa?

Mónica miró a Bruno y pensó en los cientos de oportunidades que tendría su sobrino. Su hermana siempre había deseado que tuviera un buen lugar y ahora el destino se lo había otorgado.

—Aleksander, escúchalo —dijo Mónica—, acepta los papeles y piénsalo, no actúes con imprudencia.

Le miró con ojos suplicantes.

—Es una buena oportunidad, no puedes dejarlo pasar así como así, además, dudo que tu padre no encuentre una forma de convencerte, hay cientos de beneficios en este trato, no dudes en que si haces lo correcto te irá bien.

—No veo gratificación en hacer lo que mi padre desea. Si acepto, me casare con una mujer que no amo y nunca amare, además de que viviré con una mujer que me desprecia, porque dudo que Alessia quiere vivir bajo el mismo techo que el hijo bastardo de su marido.

Aleksander hizo un gesto de amargura y tomó los papeles, para romperlos por la mitad con odio.

—Regrese dentro de una semana, aunque posiblemente lo único que obtenga de mi sea un no como res

puesta.

Abrió la puerta para hacerle entender al abogado que se vaya. No era bienvenido ni él ni el dinero de su padre.

Pero pronto se arrepentiría de esa decisión…

Mónica Russo tosía de manera desmesurada en el baño de su habitación. Sus pulmones dolían y al retirar su mano miró con miedo como leves motes de sangre permanecían en su palma. Estaba tosiendo sangre.

Observó su reloj y luego escuchó la puerta cerrarse, Aleksander había regresado.

Él lanzó su portafolio al sofá y luego buscó con la mirada a su tía. Era su única familia ahora.

Todo el día pensó en la oferta de su padre, pero desde luego que no aceptaría la propuesta de ese maldito.

—Tía, he regresado —informó en voz alta pensando en que tal vez estaba en su habitación.

Al escuchar la voz de su sobrino, abrió el grifo e intentó ganar tiempo para limpiarse el líquido rojo. Estaba desesperada y tenía miedo, había que tener miedo cuando las cosas involucraban sangre.

—¡Estoy aquí, voy enseguida querido! —gritó y su voz sonó un poco ronca. Minutos más tarde salió rápidamente de la habitación.

—¿Tía, estás bien? Mírate, estás pálida.

—Estoy bien, no te preocupes, son tonterías tuyas. ¿Tienes apetito? Supongo que tuviste un día agitado.

Aleksander la miró, no estaba para nada seguro que ella estaba bien, además, su voz salía con un tono grueso que le preocupó.

—No tengo apetito.

«Y ninguno de los dos tiene dinero», pensó con tristeza.

Ella se aclaró la garganta.

—Tienes que comer Alek, no puedes dejar de alimentarte como se debe —dijo la mujer—, pediré comida a nuestra vecina, he tenido un día ocupado. Puedes ir a darte un baño mientras tanto.

A juzgar por cómo lo miró supo que no podría darle un no como respuesta. Inmediatamente asintió en dirección a su tía e hizo lo que le dijo. Poco después de salir, la busco.

—Tía, ¿ha llegado la comida?

Antes de que pudiera poner un pie en la cocina, escuchó un plato caerse al suelo y hacerse pedazos. Rápidamente fue al lugar sólo para descubrir a Mónica en el suelo respirando agitadamente. Parecía que apenas y podía obtener aire.

No dudo en sacar su teléfono y llamar a la ambulancia mientras intentaba que ella reaccionara. Miró un ligerísimo hilo de sangre resbalar por su boca y eso le preocupó.

—¡Tía, por dios! ¡Despierta!

Ella no reaccionaba, no había forma de que lo hiciera. Lo único que dominaba el aire era el sonido de sus pulmones luchando por aspirar aire.

La ambulancia llegó minutos y Aleksander no pudo hacer más que tomar un saco tres veces su talla y marcharse tras su tía con desesperación.

En el hospital, los segundos se convirtieron en minutos y cada minuto su presión aumentaba. Una hora más tarde hubo noticias.

—Familiares de Mónica Russo.

—¡Soy yo! Su sobrino —exclamó de inmediato poniéndose de pie—. ¿Qué pasa? ¿Todo está bien con ella?

El médico se aclaró la garganta y luego miró los papeles. No tenía buenas noticias.

—Lo siento mucho, aún necesitamos algunos estudios para confirmarlo, pero todos sus síntomas dictaminan que es cáncer. Cada vez que tose sus pulmones liberan sangre, además le cuesta respirar, haremos los estudios pertinentes pero la situación no es prometedora.

No tardaron demasiadas horas en confirmar lo que ya esperaba, una muy mala: su tía tenía cáncer de pulmón en segunda etapa. El tratamiento era sumamente costoso, jamás lo lograría sin dinero. Ellos no conseguirían un préstamo, nadie sería tan estúpido para regalarles dinero.

Nadie excepto su desgraciado padre.

Pensó en la muerte de su madre, quien luchó por vivir pero la pobreza les alcanzó. Tuvo que pagar las deudas con tres trabajos y sin dormir, y ahora su tía... No podía dejarla morir también cuando estaba en sus manos ayudarla.

Se trago su orgullo para sacar su teléfono y la tarjeta que Bruno había dejado. Marcó su número y luego le llamó.

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