—Señor Russo, su junta comienza en diez minutos, todos están aquí. De la recepción han comunicado que había un joven que deseaba hablar con usted, ha tenido una leve charla con los Donalli, la hija y el yerno de Alfredo Leroux.
Aleksander casi escupe el té que tenía en su boca, estaba hablando con “el señor Russo”, él había investigado que no había más señores Russo, solo uno, el anciano y líder de todo, pues no tenía hijos, ni esposa, ni ningún familiar cercano.
Sus mejillas se tiñeron de rojo pero la leve barba que la decoraba lo oculto de los ojos del hombre quien asintió. Era de él de...