—Lo intento, pero no puedo hacerlo si no cumples con tu parte del trato. Tú prometiste darme lo que me corresponde, por veintiséis años jamás percibí nada de ti —suspiró con cansancio—, y aquí estoy haciendo tus trabajos sucios.
—¿Me estás diciendo que debo pagarte?
—Te estoy diciendo que tenemos un trato, ¿recuerdas?
Pietro sonrió y se acercó a él. Colocó sus manos sobre sus hombros y luego, con la mano derecha palmeó levemente su mejilla.
—Mi querido hijo, ya te he dado una posición aquí, ahora enfócate en crecer. Dame resultados y yo te daré lo que prometí, así funciona esto. Tu tía está siendo atendida en el hospital...