—Ah, eres tú. ¿Qué haces aquí? —Parecía tener un tono burlesco en su voz.
Lentamente volteó para mirarlo a la cara, no pestañeo al contestar:
—Vengo a proponer un negocio.
Atrás de él estaba la hermana de Rebecca, Camille, quien soltó una risita muy sutil, nada comparado con las de ayer, que la escucharían hasta el otro continente.
—Los Salvatore no tienen aún está clase de nivel, mi esposo por el contrario, sí. Él llevará a nuestra familia a la cúspide de la escala social de la ciudad —apuntó, con una sonrisa parecida a un demonio.
Se acercó a su oído para decirle en viz baja algo desagradable, claro que...