Pero, ¿cómo podías borrar veintiséis años de pobreza de ti? Parecía ser una misión imposible, y su madrastra aprovechaba para burlarse de él.
—Mi Asher no estaría sudando así como tú, era tan confiado y exudaba porte, clase. Algo que jamás podrás adquirir, bastardo —se burló con esa sonrisa de víbora que estaba odiando, para ella, él estaba mejor muerto.
—Ya sé que hubieras preferido que quien estuviera muerto sea yo... Pero necesito tu ayuda con algo, señora Alessia —comenzó a decir Alek, atando bien su corbata—. Mi tía está enferma y mi padre prometió ayudarme con el dinero para el tratamiento...
Bofetada. Su mejilla escoció de dolor con el...