—¡MADRE! —escuchó su grito, pero lo ignoro. Le importaba poco, siempre era igual. Hacia drama y luego terminaba cediendo ante las demandas de su madre. La anciana paro de inmediato en la habitación de Aleksander. Saldrían a la mañana siguiente y deseaba a todos puntuales a esa hora. La noticia les cayó como anillo al dedo y la sonrisa en el rostro de Rebecca no se hizo esperar.
—¡Ah! ¡Esto es magnífico! —exclamó Antonella a la mañana siguiente mirando al chofer y a las mucamas metiendo el equipaje a la maleta. La anciana las observó meter el equipaje supervisando todo con un aire severo. Estaba un tanto enfadada, había escuchado...