—Bienvenido a casa. Pareces haber tenido un día agotador.
—Cada día me hundo mas en los papeles y pienso en mi difunto hermano. ¿Cómo es que siempre tenía una sonrisa para todos si se moría trabajando? —preguntó de forma capciosa—. A veces cuando miró los números me da ganas de salir corriendo y de no regresar.
—¿Me dejarías aquí?
—Es solo un decir, si quieres venir conmigo, vendría por ti y luego desapareceríamos—ella se sintió complacida con su respuesta. Aleksander era un hombre cálido, dotado con una hermosa sonrisa sincera que iluminaba toda una estancia. Ojalá el mundo valorara mas a los hombres por su forma de ser, que por...