—Sírveme de algo, Camille, que apenas y puedo soportar escuchar tu maldita voz. ¡Me tienes arto! —anunció con enfado para luego soltar su mano violentamente. Clement intentó ponerse de pie, pero cayó a bruces mientras que su esposa contenía las lágrimas ante la humillación que las palabras de su marido le estaban causando—. Si mi apellido cae, lo haces tú también. Si pierdo las elecciones terminaras siendo nada, el miedo que siempre has tenido. Salvatore ha librado esta perdida, el maldito tiene su dinero seguro…y te apuesto a que el no lucha por no salir corriendo a veces de su maldita casa. Rebecca es más bonita, oh Rebecca, me hubiera...