—¿Qué piensas? ¿Te gusta? —La voz de su esposo la sacó de sus pensamientos.
Le dedicó una mirada dura.
—Pensando en como me engañaste todo este tiempo, ya sabes. Lo que pasó en el bautizo, la cita en Grecia... —comenzó a relatar.
Él le plantó un beso en los labios, con mucho cariño. La rodeó con sus brazos, cosa difícil con su estómago gigante. Pero la hizo olvidar todo, apoyando su mano en el pecho de él.
—Nada de pensar en el pasado, es hora de seguir nuestro futuro, ¿de acuerdo?
Mel asintió.
—Cuando dé a luz, podremos concentrarnos en tu empresa de diseño. Me interesa avanzar con los modelos...