Cuando pase mucho tiempo acostada sin hacer nada, intenté marcarle a mi hermano. La verdad es que no se me había ocurrido, porque, ¡vamos! el tipo se había fugado, probablemente ya había cambiado de número.
Pero le marque al otro, al que usaba para la familia.
Sorprendentemente, contesto. Me senté en la cama con el corazón a mil. ¡Era mi oportunidad!
—¿Lucas?
Escuché voces del otro lado, como una discusión. Deduje que lo más probable es que sea una mujer (¿la mamá de mi sobrino?) por la voz suave tratando seguro de hacerle colgar la llamada. Pero luego dejaron de discutir, escuché un portazo y por fin me atendió mi...