Brent estaba desesperado, su cabeza era un torbellino y entonces lIlegó Emma, quien desde que Brent le abrió la puerta se llevó ambas manos a la cara, contemplando esa escena tan tierna y triste al mismo tiempo de padre e hijo.
_Dios mío, Brent —exclamó Emma—. No puedo creer lo que veo, ¿cuándo se ha marchado esa infeliz?
Él no había tenido la intención de que las cosas las tomarán ese camino, pero no le quedó de otra, no le iba a suplicar a su exmujer que no los dejara, ella había elegido irse de la casa por infiel. Y eso él nunca se lo iba a perdonar, ella lo había engañado, y eso le calaba en lo más profundo de su corazón
—Desde anoche, la he echado de casa —respondió Brent—. Lo siento, Emma. Sé lo que vas a decirme que solo te Ilamo cuando te necesito y esta vez es lo mismo, es solo que..
Emma no dejó continuar a su hermano, ella como su hermanita menor siempre lo iba a apoyar y ahora no sería la excepción. Ella abrió los brazos y los abrazó a su hermano y a Cedric su sobrino, dándoles ese apoyo que ellos tanto estaban necesitando en ese momento ellos ahora más que nunca tendrían que tener el apoyo de Emma para salir delante de esta dura prueba que la vida les estaba presentando.
—Van a estar mejor sin ella y yo los ayudaré, no tienen que estar al lado de esa mala mujer —aseguró Emma—. Nos las arreglaremos los tres. Ya verán que nada duele para siempre y ella va a lamentar después haber actuado de esa forma.
Lamentaba profundamente que su pequeño Cedric tuviera que pasar por el abandono de su madre. Algo por lo que no está preparado, pues él no entiende por qué su madre no se encuentra en casa para atenderlo, pero ahora con su tía Emma no tendrá que llorar por esa madre desnaturalizada.
—Gracias, Emma. Siempre tuviste razón con respecto Gretel, ella es una mala mujer que nunca mereció que yo la amara y que le diera ese valor que le di. Me disculpo por no haberte escuchado antes.
Su mujer no sabía lo que se iba a perder estando lejos de él, se arrepentiría de haberlo dejado, eso siempre pasaba, cuando viera que con la otra persona no iba a tener lo que tenía con su pareja. Iba a venir con el rabo entre las piernas a suplicar que `la perdonara, pero eso no iba a pasar, Brent ya no la quería a su lado
—No es tiempo de lamentarse, hermano. Juntos vamos a resolver esto, los Sullivan somos invencibles, eso no lo debes olvidar.
—Claro que lo somos.Es solo que no quiero fallarle a Cedric, a su corta edad ya ha perdido mucho. El pequeño no tenía que haber vivido el abandono del ser que prometió cuidarlo por el resto de su vida. Gretel se iba a perder los años más valiosos del crecimiento de su hijo.
—No, al irse esa, él ha ganado mucho. Créeme.
El color no me terminaba de convencer. Es decir, sí, mi plan era ser rubia. Pero ya traía un color rojizo antes de ponerme el tinte de farmacia y eso no ayudaba a que me quedase exactamente como a la rubia bonita de la caja.
Como siempre, Melina Sandoval quedando como tonta.
Suspiré, apartando un mechón de mi rostro mientras me observaba en el espejo de un baño público. Hoy se cumplían dos años de haber estado fuera viajando por el mundo. Había cambiado mucho durante aquél tiempo, incluso mi mirada cambio. Me fui de mi país como si me estuvieran persiguiendo por la policía, corriendo lejos, y cada vez que podía, más lejos.
Solía creer en el amor antes de embarcarme en un viaje de auto descubrimiento... Claro, ahora sabía que fue estúpido creer que así como así iba a encontrarlo. Nadie me lleno el alma como imaginé que sentiría, nadie me levanto mi mundo y lo desmoronó al soltarlo. Mis ojos me regresaron la mirada con tristeza. Incluso mis ojos ya no tenían aquella chispa jovial, coqueta, aventurera. Aprendí muchas cosas durante aquellos viajes, me dí cuenta de muchas cosas que antes ignoraba.
Yo era una persona que se ilusionaba con casi que cualquier muestra de interés o de afecto, porque precisamente durante mi infancia carecía de esto, así que mi yo adulto y muy maduro creía que si recibía un poco de atención esto ya era una declaración de amor para vivir felices por siempre.
—Chica tonta.
No sé qué hice con mi vida. Mis amigas ya habían logrado encontrar su camino, así mismas. Estaban cumpliendo sus sueños, eran felices. Ya no tenían que preocuparse por encontrar al hombre adecuado, por no estar solas; ya jamás lo estarían. Y además, me sentía un poco desplazada. Porque ellas además de vivir la experiencia del matrimonio, de tener sus trabajos soñados, eran madres.
Sí, yo no tengo ninguna clase de conocimiento sobre bebés, pero aquello las había unido a las dos, algo en común, algo de qué hablar. Mientras yo era la loca que viajaba por el mundo sin un lugar fijo en donde estar, sin nadie esperando por mi, mi regreso. Ellas creían que la pasaba bomba, que vivía cosas extraordinarias y que nada me hacía falta.
Pero era mentira, me hacían falta muchas cosas. Empezando por amor propio.
Mi cuerpo era bastante normal. No soy pechugona y de curvas extravagantes como Esmeralda; ni de complexión delgada, fina y elegante como Lisa. Era una chica común. No tenía el cabello rubio como Lisa, o el cobrizo como Esmeralda. Lo tenía negro azabache, y debía de pintarlo para dar la ilusión de ser alguien interesante. No tenía la personalidad tímida de Esme, ni la soltura de Lisa. Cosas que les gustaban a los hombres.
Yo era más como la loca de la secundaria que todos trataban de rehuir. Un poco despistada, otro tanto avasallante... Y aburrida. Con un familiar disfuncional, que parecía perfecta pero era una porquería.