Me cambie en el hotel la ropa por un vestido de playa que tenía en la maleta. Realmente era gracioso como en casi cada país intercambie mi ropa. Dejaba ropa del anterior lugar que había visitado, y tomaba nueva que se asemeje al nuevo destino. Y porque además no tenía morralla para andar compre y compre ropa, además de espacio en mi pequeña y confiable maletita viajera.
—No, realmente no. Quisiera odiar a mis padres por todo, pero no descifro cómo es que no puedo —confesé.
Su mirada grisácea era tan intensa, tan difícil de no mirar.
—Eso es porque los amas. A veces, es mejor alejarnos de la familia...