Me quitó la mordaza de la boca, sin decir nada se la volvió a poner. Me senté, tratando de arreglarme la ropa. Era un vestido Azul marino que me llegaba a las rodillas, con tirantes delgados. Mi cabello ya era un caso perdido, ¿qué más daba?
—Entonces —comencé, pero él hablo antes de que pudiera decir nada más.
—Fue una clase satisfactoria, no crees?
Tragué saliva. Me tragué mis palabras, lo que quería decir quizás iba a quedar fuera de lugar. Agradecía que me recuerde cuál era mi posición aquí.
—Claro. He aprendido mucho, querido. Quizás un poco mejor la próxima vez, creo que uno o dos profesores anteriores podrían...