Me iba a volver a acostar para dormir, pero de pronto, unas náuseas terribles me atacaron.
Me levanté corriendo de la cama en dirección al baño, en donde vomité toda la comida de ayer y creo que hasta la del año pasado, me estaba doliendo el estómago. Me temblaba el cuerpo entero por las convulsiones.
Le jalé al baño, y me lavé la cara. Me miré al espejo, observancia mis ojos cansados y notando las profundas ojeras que habían debajo de estos.
Cepille mis dientes, tratando de borrar el amargo sabor de mi boca. Fruncí el ceño, pensando en el día de la pedida de mano.
Era algo que había...