Logré hacer pipi sobre el frasco transparente. Luego, remoje la punta de las pruebas caseras en el líquido amarillo. Las dejé sobre el lavabo, y me senté en el inodoro con la tapa bajada. Esperé, esperé, y esperé con la mayor ansiedad que alguien podría imaginarse. Mis manos estaban fuertemente agarradas en mi regazo. Cuando dieron exactamente cinco minutos, me preparé mentalmente para lo que iba a ver.
Exhale una y otra vez el aire por mis labios.
—¿Debería mirar ya mismo? —pregunté al vacío. Obviamente, nadie me respondió. Ni mi conciencia.
Me levanté del inodoro con lentitud, tome del lavabo la prueba que era muy sensible. Tragué saliva, tenía...