—Vamos a cenar, nos debemos un momento a solas.
Frunciendo el ceño me volví a mirarlo, riendo bajo con un movimiento negativo.
—¿Qué dices? —hice una pausa, ingresando de vuelta al automóvil—. ¿A dónde quieres ir?
—Ya verás.
Tenía una relación de amor/odio con las sorpresas. …¿La parte buena? Que era una sorpresa. ¿La parte mala? Que era una sorpresa, así de complicada soy.
—Me das miedo.
No mentía, a pesar que me estoy riendo a carcajadas y él que opta por simplemente abrazarme para llenarme de besos en los labios.
—Es bueno, ¿no? —alzó las cejas en ese juego coqueto y volvió a besarme.
Luego le dijo al chófer...