Lenis quedó sin palabras por más de dos segundos, para luego recibir de su jefe una grata sonrisa, siendo correspondida por una suya, mejillas sonrojadas y ojos llorosos. Lenis no quiso emitir mayor lenguaje corporal y convertirse, tanto ella como su esposo, en el epicentro de una celebración que no les correspondía. Ni siquiera quiso decir la palabra «embarazo» para que ningún lente fotográfico o de video leyera sus labios y comprendió que Max también aplicó esa estrategia.
El abogado y padre de la criatura que Lenis Evans llevaba en su vientre, se encontraba del otro lado de la dama. Ambos caballeros, Max y él, asintieron entre sí, cada uno...