Pero no aparecían números telefónicos debajo de ese tal Fiztgerald, por lo que se estampó a su laptop sobre la encimera de la cocina para buscarlo en Internet. Ella estaba segura que si esa plantilla de empleados tenía tal desglose, en Internet podía encontrar otras especificaciones.
A punto de teclear el símbolo del explorador anclado en la barra baja del escritorio virtual, el rectángulo de la aplicación de correo electrónico pedía atención, iluminándose en color naranja.
—¡Tía Lin! Aún no le he escrito.
Dio click allí, abriéndose la ventana de correos y desplegándose ante sus ojos el espacio escrito con dos líneas de palabras que apenas saludaban a su familiar....