Se dio cuenta que para seguir investigando, debía salir de los baños. Lo hizo sin vestirse, solo usando la pequeña toalla blanca como ropa y ese calzado de goma que silenciaba sus pasos.
Atravesó el área de duchas, llegó al de los casilleros y salió con lentitud.
No había nadie cerca, por lo que el silencio no solo reinaba dentro del tocador, también cubría cada rincón del gimnasio.
El pasillo era amplio, espacioso y a su izquierda quedaba la salida, junto a la recepción, una sala de espera, estantes y más oficinas.
El lobby se encontraba vacío.
«Qué extraño», pensó ella.
Carla era la única persona dentro de los vestidores,...