Las cosas se pusieron rudas, Maximiliano no dio su brazo a tocer. Aseguró que no daría un solo paso para persuadir a su mujer de retirar nada y que si quería guerra, se irían a batalla sin ningún problema. Adoró ver a Max cabreado, echando fuego por los ojos y apretando su mandíbula. No quería fregarlo pero no le quedó de otra, así eran las cosas, pero también fue prudente, porque llevaba cargos encima, denuncias por acoso y maltrato que él sabía podrían comprobarse tarde o temprano. El segundo parte forense no arrojó nada y no supo cómo, porque él aún por las noches recordaba a Hilary desvaneciéndose después de...