Él se detuvo a unos pocos metros de distancia, al lado de una esquina de la piscina, con sus brazos detrás de su espalda baja, mientras carla tecleaba el código de su casillero para abrirlo, entrar y colocarse el traje de baño. Adoraba ese sistema, no tenía que devolverse a buscar nada, además, ella misma lo había equipado con otros trajes de baños enteros y de dos piezas, varios colores, no solo el azul oscuro o el negro que el edificio proveía.
La puerta abrió creando un sonido seco y luego uno de deslizamiento, como el empaquetado al vacío, la luz del cubículo se encendió y Carla se dispuso a...