—Me voy a nadar, déjame quieta.
—¿Qué? ¿Vas a salir así nada más y dejar esta discusión a medias?
—Necesito estar sola, ¡quiero estar sola! —Carla abrió la madera blanca y lujosa, gritando esas últimas palabras y azotando de nuevo la puerta, saliendo del apartamento.
Max quedó paralizado durante algunos segundos, mirando la puerta cerrada, estando aún de pie a unos pocos metros de la cocina y de la salida, pero reaccionó, saliendo veloz, queriendo alcanzarla, deteniédose en seco al ver que ya ella no estaba y percatándose que el ascensor bajaba, viendo también cómo los números en el panel superior de las puertas de metal cerradas descendían, marcando piso...