Dante lidera el camino por los escalones del porche y hasta la puerta principal. Toca y luego me mira por encima del hombro. Estoy de pie como una niña que ha sido llamada a la oficina del director. Haré lo que quieran mientras no esté en problemas. Aceptaré cualquier cosa mientras las cosas puedan continuar entre Dante y yo. Pasos huecos suenan dentro y se hacen más fuertes. A través del vidrio empañado y distorsionado de la ventana de la puerta, veo una figura que alcanza el pomo y lo presiona hacia abajo. Una mujer aparece al otro lado.
—Dante —dice, su voz firme.
—Madre.
Inhalo bruscamente. Su mirada se...