Si él tuviera frío, yo podría calentarlo. Si calor, podría refrescarlo. Si estuviera muerto, podría revivirlo.
Despierto sobre las piedras duras de la playa, vacía y sola. La noche da paso al día mientras el sol comienza a abrirse paso en tonos de naranja y rosa, amarillo, y más allá—el azul más claro. La sangre que se drenó de mí se ha secado, y me quito la ropa para lavarla, y lavarme a mí misma en el océano.
La fuerza divina que sentía se ha ido, pero el agua del océano no está helada contra mi piel. Una hambre abrumadora ha emergido, pero la gran comprensión que antes tenía se...