Corro hacia la nieve, mis pies abriéndose paso mientras avanzo apresuradamente, con la mirada fija en aquello frente a mí. Suelto mi mochila al suelo cuando llego. Mis manos tocan la corteza del árbol para asegurarme de que realmente está ahí, y cuando no atravieso como si fuera un holograma, sé que está verdaderamente frente a mí.
El naranjo se yergue alto y robusto. Sus numerosas ramas se despliegan con pequeñas ramificaciones brotando en todas direcciones. Las hojas más verdes cubren las ramas, y entre miles de ellas se encuentran frutos brillantes. Mis ojos saltan de un fruto a otro, incrédulos. Extiendo la mano y arranco uno que cuelga bajo....