Mis pies se detienen. Giro lentamente, tomando en cuenta todo lo que me rodea.
—¿Dante?
Las sombras se mueven a mi alrededor como los fantasmas de chicas pasadas que vagaron en el bosque por la noche. Trago saliva, sabiendo que si me quedo quieta, puede que aparezca mi padre.
—¿Dante? —llamo de nuevo, más fuerte.
Doy un paso y giro y ahí está. Esos ojos amarillos que una vez me atormentaron están aquí otra vez, y detrás de ellos, el gran cuerpo negro de un lobo. Mi pecho cae al salir todo el aire de mis pulmones.
—¿Dante? —pregunto de nuevo—. ¿Q-Qué estás… dónde has estado?
No siento que esté...