—Mi amor… —susurré, acariciando parte de su mejilla que se podía palpar—. Tienes que ser fuerte y despertar… por ti, por mí, por todas las personas que te amamos —sorbí mis lágrimas—. Tengo que confesarte algo, Samanta:
»Antes de conocerte, me sentía vacío y solo tenía a la nada. Había aceptado la propuesta de John de venir aquí, buscando escapar de todo lo que el fracaso había causado en mi interior; perdí a mi hija, creí en la persona equivocada y aunque intentaba llenar ese vacío con noches frenéticas y personas que no significaban nada, solo le encontré sentido a mi vida de nuevo, cuando te tuve entre mis brazos....