Apenas me vestí con un conjunto deportivo mirando a la nada. Salí a la terraza y rememoré la primera vez que Samanta pisó este lugar. Jamás creí entonces, que todo se desencadenaría de este modo, pero el sentimiento que albergaba hacia ella ya era imposible de borrar.
Oí dos golpes en la puerta y regresé adentro, girando el picaporte y topándome con Rose.
—Ya tenemos todo listo, señor Jones —avisó.
—Si terminaron con el desayuno, es mejor que nos marchemos.
—¿Desea que lo ayude con su equipaje?
—No es necesario. Oportunamente, trasladaré mis cosas a la nueva casa.
La mujer asintió con la cabeza y se marchó por donde vino....