Mi cuerpo se removió inquieto cuando sentí besos en mi hombro y mi nuca. Volteé, cambiando mi posición y abrí despacio los párpados para encontrarme con unos ojos azules que me miraban con detenimiento.
—No fue un sueño… —musitó, mordiéndose el labio inferior y dibujando luego una sonrisa en su boca.
—Hola… —repliqué a cambio, besando castamente su boca.
—Apenas logré dormir. Me pasé admirándote mientras dormías, intentando no cerrar los ojos y que eso significara luego que había despertado del más hermoso de los sueños —pronunció de un modo encantador y pellizqué su nariz con rapidez. Sonreí con ganas cuando arrugó su rostro por mi acción.
—¿Ahora estás convencido...