Estaba junto con Frank en la recepción, esperando a que Rick apareciera. Tenía aquella extraña sensación de que estaba cerca, observándome porque me quemaba la piel, me ardía toda la carne y sentía aquella inexplicable impresión de estarme ahogando por sentirlo pero no verlo.
Sin embargo, cuando una exuberante morena se acercó hasta nosotros, jamás pensé que al presentarse oiría las palabras que profirió feliz la bella mujer.
—Buenos días, señorita Richmond —me habló como si me conociera, tendiendo su mano a modo de saludo—. Mi nombre es Marina Díaz; soy la esposa del señor Richard Jones y hoy he venido en su representación.
Me quedé absolutamente pasmada con aquella...