Nuevamente, transcurrieron otras dos semanas en las que seguí sin saber nada de él. Eso me hacía pensar en las noches, que si no era yo quien lo hubiera buscado todo este mes, de todos modos, él no habría vuelto a mí.
No habría llamado, tal como no lo hizo. No me habría respondido un solo correo, pese a que en las madrugadas me cansé de escribirle cientos de palabras de amor, de odio, de dolor y arrepentimiento por haber confiado tanto en él.
Mi cabeza deliraba y maquinaba desde lo más peligroso que pudo haberle sucedido, hasta lo más bajo que habría sido capaz de hacerme. Sin embargo, los...