Habían transcurrido dos semanas desde que no supe nada de Rick. Aun así, tontamente marcaba su número, teniendo siempre el mismo resultado. Por las noches, sin poder evitarlo, me lamentaba y lo maldecía, mientras lloraba a mares y me preguntaba los motivos que tuvo para engañarme del modo en que lo hizo.
Me sentía tonta e incrédula, pues la respuesta era que nunca me amó como me hizo creer.
Tomé los libros que escogí en la biblioteca y los metí a mi mochila. Fui a la universidad para apuntarme a las últimas dos materias que llevaría el siguiente semestre, luego del permiso por las fiestas navideñas y vacaciones de invierno....