Regresé a la casa para ver a Erín.
Dos días estuve quedándome fuera en las noches y deseaba compartir al menos un refrigerio con ella, ver algún programa en la televisión y revisar sus tareas.
—¿Cuándo veré de nuevo a mi mami? —preguntó, mientras pintábamos unicornios.
—Mami necesita algo más de tiempo para resolver algunos asuntos de trabajo —excusé y suspiró con tristeza.
—¿Es verdad que tienes una novia, que tendrás otros bebés y dejarás de quererme?
—¿Quién te dijo eso? ¡Jamás dejaría de quererte! ¿De dónde sacas esas cosas? —Me alarmé por aquella repentina pregunta.
—Mamá lo dijo… —replicó en un susurró y bufé—. ¿Es verdad?
—Jamás dejaré de...