Sentí que mi cuerpo se estremecía con sus palabras y me incorporé nerviosa a su lado.
—Creo que es momento de regresar a casa… —suspiré.
—Pasa conmigo la noche —dijo sin embargo él, poniéndose de pie y tomando mis manos.
—¡¿Qué?! —lancé sorprendida.
—Quiero que duermas conmigo en la misma cama —aclaró como si yo no lo hubiera entendido—. Deseo abrazar tu cuerpo y perderme en el sueño, contigo a mi lado. Desde que nos separamos, no he podido dormir tranquilo.
—Pero…
—Solo dormiremos. No te haré nada, Samanta —prácticamente suplicó y me abrazó con fuerza—. No me rechaces… te necesito.
—¿Qué le diré a John?
—Yo me encargo de...